martes, 23 de octubre de 2012

00º33'45”N 00º45'33”W


para piano, percusión y tocadiscos

La obra se centra en temas universales: la repetición, la velocidad y la afinación. Desde hace muchos años he estado interesado en los medios de reproducción mecánicos, en el que los procesos son prácticamente observables, tangibles. El vinilo gira a diferentes velocidades, influenciando la afinación y generando sonidos residuales que escapan de alguna manera al control del compositor. En mi obra, las grabaciones, el sonido del piano se multiplica y se altera por la acción mecánica de los aparatos. explorando diferencias microscópicas, infinitesimales entre fuentes aparentemente idénticas: desfases temporales, desviaciones microtonales en la afinación, desigualdades imperceptibles en el timbre. Es precisamente la unicidad de cada tocadiscos lo que produce una proyección individual y prácticamente irrepetible de los materiales grabados. Este "filtrado" individualizado y una cierta asociación nostálgica al vintage tecnológico y a nuestra propia arqueología personal crea el universo poético concreto de la obra. Los vinilos funcionan como pequeñas máquinas del tiempo que nos retrotraen a un pasado cercano, adyacente. Esto, sin embargo,  se ve cuestionado por la actualidad de la música, por su propio vínculo y articulación en el presente.

Walter Benjamin escribe: " La verdadera imagen del pasado transcurre rápidamente. Al pasado sólo puede retenérsele en cuanto imagen que relampaguea, para nunca más ser vista, en el instante en que es reconocida.". Me gusta pensar que mi obra se enmarca y sugiere un principio semejante. Los objetos, los vinilos, se transforman en elementos necesarios de un continuo estético individual cuyo “destello histórico” se ve transformado y alienado por la propia inmediatez del discurso musical: Stradivarius de plástico en la era digital.


viernes, 15 de junio de 2012

Poniendo vallas al campo

Justamente, el otro día charlaba sobre este asunto con Cecilia, que vino de visita a Berlín.
Creo que el mundo del Musiktheater es un mundo apasionante, un hervidero de ideas nuevas, lenguajes variados, gente interesante, perspectivas comunes, tangenciales y a veces opuestas sobre los mismos temas.
Últimamente, mi mayor problema, dentro de este ámbito, es la falta de música... el relegar esta dimensión a un plano más casual, menos comprometido desde el mundo del sonido y de la forma en favor de lo visual, el gesto y el universo multimediático.
 Esto no es una crítica. Algunas de estas perspectivas me parecen realmente fascinantes y llenas de posibilidades y me parece que los territorios híbridos son precisamente los que definen la propia realidad del Musiktheater. Cada uno de nosotros ha aterrizado en este ámbito de diferentes maneras, desde orígenes variados y con posicionamientos diversos y todas las opciones poseen su propia legitimidad.
   Sin embargo, por una cuestión de preferencia personal, lo que más me interesa son los planteamientos que parten exclusivamente de la música, desde el discurso, desde el lenguaje musical y el universo del sonido.
   En mi música, los elementos externos son utilizados en base a una necesidad musical, son elementos que surgen como una consecuencia y corolario del pensamiento musical, no hay incorporaciones en un sentido opuesto (aunque esto tampoco es una garantía de que todas las obras me salgan bien, mais non!).

   Generalmente, la mayoría de las obras de musiktheater que escucho estos días presentan elementos interesantes en un nivel aparente: materiales sugestivos que revelan una gran sensibilidad, imaginación, ironía, sentido del humor... El llegar a diseñar unos materiales nuevos, a una idea puntual pero genial me parece un proceso admirable. Sin embargo, la articulación y el planteamiento de estos materiales desde una perspectiva formal, desde un lenguaje definido se me antoja algo mucho más complejo y también indispensable. Algo que transforme lo anecdótico en un componente necesario y orgánico de una estética personal, repensar las cosas desde un sustrato musical más sólido.

  Creo que a veces pecamos (y me incluyo) de incidentalidad, de un uso circunstancial de componentes accesorios de manera episódica y no completamente orgánica. Esta es la tentación de explorar un mundo con tantas posibilidades en el que, en ocasiones, es difícil acotar un territorio de acción concreto.
  Tengo la sospecha de que la superposición es la respuesta más fácil y tentadora, pero también la menos satisfactoria, una especie de atajo hacia la practicidad pero obviando lo importante en el camino.


Más o menos

Tengo la impresión de que generalmente, el mundo de la interpretación de la música contemporánea tiende hacia la política del más o menos: acercarse a un lenguaje sin sumergirse en él, flotar sobre la superficie de las cosas, llegar al 40%, 50%, conformarse con el cascarón, música de usar y tirar.
Cuando interpretamos a Mozart, cualquier interferencia nos acerca a un vértigo desagradable, la música se quiebra, a veces irremediablemente. Es por ello por lo que los músicos invierten horas y horas en estudiar los mismos pasajes, en una especie de ritual controlado para acercarse a un modelo o ideal interpretativo. Con la mayoría de las obras contemporáneas (incluyendo algunas de las mías) este problema es constante (aunque por supuesto la calidad de la música no sea ni mucho menos comparable a la de Mozart).
El problema está generalmente definido por la estructura y la economía de los conciertos y los festivales: falta de tiempo, dinero, voluntad, una tendencia hacia el entretenimiento fácil y reconocible, miedo hacia lo desconocido y aceptación de lenguajes plenamente académicos, gusto por lo ya masticado, admitido , esperado.
Entender un nuevo lenguaje y tocar las notas son dos partes complementarias (pero a veces casi antagónicas) del proceso de la interpretación. La primera parte es mucho más complicada que la segunda: requiere tiempo, voluntad de sumergirse en un lenguaje ajeno, a veces plenamente privado, difícilmente accesible. La parte técnica es importante, aunque yo sigo prefiriendo una versión llena de errores pero con una comprensión del contenido de la obra, con la energía adecuada (a veces los dedos y el cerebro no se alcanzan, se sobrepasan )
Hoy en día, tener más de 5 ensayos para una obra es generalmente un lujo que aparentemente choca con la realidad y la estructura económica/laboral/vital de la mayoría de los músicos. Las obras salen a medias, pero también muchas obras se escriben a medias. Quizás vivamos en una época en la que deberíamos acostumbrarnos al armazón de las cosas más que al contenido real, a escuchar un simulacro de lo que se pretende decir, a las ideas sueltas pero sin materializar, a la inmediatez y al pragmatismo.
A mí, sin embargo, me cuesta aceptarlo.

martes, 10 de abril de 2012

El lugar callado

Música detrás, enfocada hacia el lugar opuesto al esperado, casi inaccesible.

En ocasiones se abre una ventana al interior: un espejo virtual refleja la performance trasladándola al exterior. Una cámara oculta capta el movimiento y el gesto de los intérpretes; estos son proyectados sobre diferentes pantallas en el espacio escénico, creando una geografía compleja de correspondencias entre el delante y el detrás.

Los "espejos" son flexibles, constituidos por diferentes materiales y texturas; artefactos integrados en el discurso musical en los que el sonido y la imagen se entremezclan de forma indisoluble, alquímica.

Una superficie se pliega, la imagen reflejada se pliega, la música se pliega, (la audiencia se pliega?).

El espacio musical como extensión compleja, segmentada, dividida, fraccionada, sugerida, virtual o real.

Ecos de Machaut: filtrados, reflejados, evocados, deformados, magnificados, miniaturizados, sosteniendo la estructura, como ornamento, como ornamento del ornamento, como incógnita o evidencia .

Leonardo atrapado en el agua, en la flauta, en el altavoz, en la pantalla, en el aire, en los espejos.

Hitchcock detrás de todo, culpable, atisbando a través de una ventana.


(Bart de Vrees (izda), Marieke Franssen (dcha))

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Machaut in my life

Como un poseso, estoy escuchando y estudiando las baladas de Machaut y desplazándome en la máquina del tiempo musical hasta el siglo XIV (¿lograré esquivar la peste negra?).
 Es curioso como los procedimientos e incluso el mundo estético de hace tantos siglos se acercan casi peligrosamente a lo que uno intenta hacer como compositor. Pensar la música desde el flujo de la melodía articulada en el tiempo, las líneas superpuestas (o no), la melodía como algo que fluye, sin centro de gravedad, sin una direccionalidad clara, resbaladiza, constante... pero moldeada por un pensamiento estructural subyacente: talea y color, ópticas cambiantes sobre lo mismo.
Me interesa especialmente esta sensación de flujo como una vía de escape contínua, algo que perceptivamente parece no tener comienzo ni fin pero que está apuntalada por patrones rítmicos ocultos.

Creo que la memoria y los ecos del pasado le asaltan a uno de forma desprevenida, desordenada, como los brotes de un tubérculo mental (horrible metáfora, patatas e isorritmia, perdón D., perdón M.)...
Yo a lo mío:
http://www.youtube.com/watch?v=ZzzcWvAPamo

martes, 25 de octubre de 2011

music on the threshold: Muziek als...




Is it here or there? where is the music? where is it not? is it humorous? is it related to something? is it a lamp or an instrument? is it more than a concert? is that actual playing? is that acting? is that a sound? is that a gesture? is that an echo? where does it start? where does it end? seeing and hearing together? not together? tangentially? is it a lion? is it a lion's roar? is it evocative? is it abstract? is it a time machine? is it a cassette player? is it just a repetition? is it something that will continue in your mind? is it just a page turn or a turn within the piece? is it hidden? is it a mirror? is it reflected music? is it a symbol? is it a blackboard or a magical synesthetic map where sound and image inevitably coexist? is drawing musical? is it a piano étude or a pianist trying to find her way in the world? is it a glass of water or a filter? is it just an encapsulated song or a space for alchemy within a loudspeaker? is it a decontextualized object? is it a real one? is it sounding in your head as a recollection? is it new? is it ironic? is it fragile? is it about you/he/me/us/you/they?

Most average contemporary concerts do not raise such questions because they display such ritualistic structures that empty the actual content of the pieces of most of their intentionality. All expectations are fulfilled. Nothing to declare.
The music generally follows that pattern as well... references to a certain academic background, a safe model, a justifiable array of choices that generates conforting certainties, answers instead of questions,'happy endings'.

Luckily, there is still some scope for difference. The three concerts proposed by Stichting Plan B in the Netherlands (http://muziekalsbehindthescene.blogspot.com/) function as a laboratory for question marks... For me that is one of the most beautiful aspects of this project. The very definition of a 'concert' is put under question, reformulated all the time. The formats are variable, transportable, constituted by daily life objects and low-tech devices, no expensive, massive productions but intimate, fragile and musically-complex universes. These are able to sustain quite unique and solid pieces through deep musical thought instead of technological façades. The concerts work as a laboratory in which the objects are turned into unpredictable artifacts, sometimes they relate to the actual world, creating a certain nostalgia, sometimes they lose completely that function and adopt a fresh significance. Gesture, lights, casette players... they all become ingredients of the musical discourse which is sometimes extended, reflected and frozen in space by different installations.The concerts don't work as a casual overlap of pieces but stay within a particular aesthetic universe. I like to think that the music in this project  inhabits the threshold of things: it lives in the ambiguous realm between the world of reality and its reproductions, between memory and the still unknown, between space and music, between daily life objects and traditional instruments, between acting and playing, between visibility and invisibility, between the dreamed and the experienced.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

cansado de:

cansado de:
la academia, los discursos aprendidos, los discursos preparados, las cacatúas talentosas, los softwares sin reflexión, la tecnología como máscara, la superficie de las cosas, lo seguro, los críticos con sonotone, los campus-itores, el popurrí, el miedo al error, lo seguro y predecible, la complacencia gratuita, el gesto vacío, el vibráfono con arco, el positivismo yanki, la armonía como maquillaje, la política musical, la poesía buscada, el pop, el miedo al silencio, lo mismo de lo más, el 'patch' de lo justificable, el efecto inmediato y superficial, lo kitsch como rareza fingida, la idea de talento, A+B=C, lo explícito sin 'detrás', la densidad como disfraz de lo vacío, el solapamiento casual, las categorías facilonas.

miércoles, 31 de agosto de 2011

memoria en 3D

'Living backwards!' Alice repeated in great astonishment. 'I never heard of such a thing!'
'— but there's one great advantage in it, that one's memory works both ways.'
'I'm sure mine only works one way,' Alice remarked. 'I can't remember things before they happen.'
'It's a poor sort of memory that only works backwards,' the Queen remarked.
(Lewis Carroll: 'Through the looking glass')

Estoy escribiendo una obra en la que hay una geografía compleja en el escenario: una especie de plano del metro en el que cada objeto está unido con una línea más o menos visible (un cable, un hilo) con un objeto paralelo. Esto determina la arquitectura del sonido también. Lo que se escucha aquí suena análogamente allá, más lejos, al fondo, detrás, delante, fuera, dentro, en el medio, encima, debajo...
 A veces pienso en este proceso de reciprocidad desde el punto de vista de la memoria, tratando de establecer un paralelismo entre lo reproducido por el mundo análogo de las grabaciones y su confirmación en el mundo 'real' de los intérpretes. Una especie de anticipación de lo que ocurrirá unos compases más adelante, o vice-versa, un señuelo que es confirmado más adelante por los altavoces. Me gusta pensar que todo este proceso funciona como un mapa paralelo al establecido por los objetos y el sonido: algo abstracto y subyacente, una geografía del recuerdo que se va confirmando por medio de las grabaciones y su ancla al mundo tangible de los instrumentos así como a la subjetividad de la experiencia de quien escucha.
Casualmente, en esta obra estoy trabajando con pequeños textos de 'A través del espejo'. La reina de ajedrez posee la capacidad de utilizar la memoria en dos direcciones: hacia el futuro y hacia el pasado, de tal manera que lo que se hará mañana se recuerda hoy. Me encanta la idea de esta especie de memoria 'flotante' en el tiempo,  una especie de rebobinado imposible de lo que está por llegar. Por supuesto, todo esto no es ajeno al mundo de la música a través del simulacro temporal creado por el movimiento retrógrado en el contrapunto tradicional.
 En mi obra, las grabadoras funcionan como una especie de pequeñas máquinas del tiempo, donde se congela por unos instantes lo que será interpretado por los músicos algunos compases adelante: una especie de premonición detenida en una cajita, un fragmento que está aún por materializarse en el futuro, en el mundo concreto de los intérpretes. A veces sucede lo contrario: una vuelta de la tortilla temporal en el que la interpretación acaba tomando forma en el altavoz.
Creo que la tercera dimensión de la memoria pertenece, como indicaba anteriormente, a la experiencia individual, a enlazar lo inmediatamente adquirido al mundo particular de los recuerdos para crear un mapa mucho más complejo y subterráneo que el que determina la obra.

'What sort of things do you remember best?' Alice ventured to ask.
'Oh, things that happened the week after next'

miércoles, 10 de agosto de 2011

auto-questionnaire ( confessions for a program note)

1 why do you compose?

I arrived to the world of composition rather accidentally as I come from a completely non-musical environment. I soon realized that it was a good platform from which I could generate responses to several inner creative questions. I think that as long as those questions exist I will continue involved with composition. I suspect that composition as such is not the ultimate goal but rather a format where I can implement or translate ideas that have been stored in my mind for a long time.

2 how do you compose?

In terms of routine I'm very Stravinskian. I usually work for a regular number of hours every day. That is a somewhat painful process since many times you just confront a blank piece of paper without many expectations of filling it up. However, that sort of daily 'horror vacui' triggers a certain response in the shape of a 'fleeing forward' process. I am a composer that usually works with daily units, that is, what has been produced during a day becomes a somewhat independent and quasi self-sufficient fragment within a larger piece. This is not a diary-like process but rather the result of a method or a habit. The ultimate result of this is the feeling of a constant beginning, the impression of being at a particular starting point every day without completely losing a sense of continuity.

3 why this piece, now, today?

I believe that it is quite difficult to thoroughly justify your aesthetic decisions in relation to the world as many of them just originate and manifest themselves in deeply subjective and subterranean ways. I think, however, that my piece was developed as a bit of a comment towards the highly performative artistic environment in which we live. In fact it is a piece that explores the negative side of a performance: the musicians and the music are placed and aimed towards the backstage, towards an intimate realm which is relatively disconnected from the audience both visually and sonically.

4 could you not do anything better in life?

It would be impossible to answer that question accurately unless we accept the fact that there are several living replicas of myself and we evaluate how successfully they deal with their respective professions. I hope they are not reading this questionnaire though.

5 how do you manage to combine everyday life eating, sleeping, relationships, family, taxes and composing? Do they influence each other? In what way?
I try to isolate as much as possible the act of composition from the rest of things, a bit like a shelter which protects oneself from the inclemencies of the exterior world. Unfortunately, since the expenses of life are usually not covered by composition itself one has to confront and explore other disciplines to stay afloat. I think that most composers end by having multiple faces from a professional point of view. However, I do not believe that those experiences necessarily manifest themselves in the music I write.

6 what attracts you in the music of whom?

There are many composers whose music I deeply admire. They belong to several periods, from Dufay till Feldman and beyond. I try not to see the history of music in a linear, dialectic way but rather as a holistic present frame in which the music of Machaut, Mozart or Grisey have the same level of immediacy. I have never been very interested in the evolution and dialectics of materials but rather in the different ways in which they are articulated. I could therefore mention many composers that have influenced me but that would greatly exceed the scope of this
questionnaire.

7 Schönberg said: The chief requirements for the creation of a comprehensible form are logic and coherence. The presentation, development and interconnexion of ideas must be based on relationship.¹ Is coherence in a work of art still a valid notion today?

I think that Schönberg's idea is rather classical and scholastic. I do not believe that elements necessarily need to be presented, interconnected and 'justified' in order to build a piece of art. Sometimes the uniqueness of an event is sufficient in itself. I believe that coherence is an 'outer' rather than an 'inner' aspect of a piece. When we listen to a piece we establish interconnections between the elements we are presented with, or we don't. We link those events to our experience of the world or not. Coherence is something that cannot be clearly determined and controlled by the composer, it is something that generally flows through the subjective channels of the listener.


8 what is essential for you in composition?

What I appreciate more in composition and art in general is a certain sense of difference. This is not necessarily related to notions such as 'professionalism' or 'quality' (which are normally used within academic environments). It is not about 'inventing the wheel' either but rather about reformulating what already exists.

9 is the concept of 'new' still relevant today? if so, what does it mean?
I like better the term 'different'. I believe this is an essential issue. As I stated in the previous answer I do not believe that we have to invent the wheel over and over again but rather to re-contextualize or reformulate what is already there. Materials, regardless of their origin, usually belong to the supermarket of possibilities, to the array of creative choices. It is just the way in which we reformulate and reuse them what makes the difference. This may be carried out by mere musical procedures or by other external means: space, gesture...


10 is there any relationship between what¹s happening in the world and your work?

I personally try to detach as much as possible what I do as a composer from the social aspects that surround me (this does not mean that I am not actively taking part in society from a personal perspective). I think, however, that even if I intend to build an artificial, creative refuge there several aspects of experience, of the time and the space in which we live that involuntarily permeate into my work. I never try, however, to evidently incorporate them in my work, to push them manifestly over the surface of the piece. They occasionally show up as a remnant of a thought, an image, a sound, a text, a perception...

lunes, 18 de julio de 2011

de 1 a 1100

Hay autores que nos insertan en un laberinto del que escapar no tiene sentido. El laberinto es la obra y los saltos y ramificaciones de la novela no encarrilan un pensamiento en una dirección concreta sino que se van multiplicando constantemente. En 'el arcoiris de gravedad', Thomas Pynchon va saltando de un tema a otro sin una lógica preestablecida. Los personajes desaparecen y reaparecen de manera impredecible, como si estuvieran acechando tras una bruma de palabras. Las situaciones se encadenan constantemente en una inacabable aventura de 1150 páginas, de las cuales es difícil extraer algo concreto. Slothrop, un sujeto víctima de experimentos pavlovianos de los nazis va viajando de escenario en escenario, de situación en situación en la que cada página podría ser la última (o la primera). La potencialidad de direcciones posibles que adquiere la novela provoca que el lector se halle siempre en una especie de punto cero, de comienzo constante. La maravillosa anarquía de la novela sitúa en un mismo plano situaciones hilarantes, pornografía, humor, muerte, canciones populares, referencias eruditas que funcionan como un comentario burlón a la literatura, la sociedad y por ende al oficio de escribir...
Pynchon, cual equilibrista de la verborrea, va saltando atléticamente de cuestión en cuestión, sin profundizar nunca en nada, quedándose en la superficie de las cosas, evitando la búsqueda de 'sentido', creando contextos y situaciones, mapas mentales...Sí, suena predecible, postmoderno, lo que uno quiera... sin embargo hay algo magnético que te atrapa hasta el final. En mi opinión, el libro funciona como un desmesurado y prolongado chiste que trata de abarcar todo lo literario, mirándolo desde una erudita carcajada que no acaba por hacerse escuchar.
'El arcoiris de gravedad' es una obra en la que el espacio está siempre definido: el territorio lleno de  cascotes, ruinas y tuberías de la Alemania derrotada tras la segunda Guerra Mundial. En ocasiones, la obra adquiere una dimensión claramente teatral, en el que  los personajes parecen irremediablemente destinados al espacio acotado del escenario .
A mí me parece que las novelas de Pynchon tienen algo profundamente musical. El uso de los personajes no es psicológico, no analiza su 'mundo interior', su pensamiento. Son utilizados como materiales que van apareciendo y desapareciendo entre el fluir constante de las ideas. Esa idea se me antoja completamente musical, los personajes 'están' pero son utilizados como objetos: se repiten, se transforman, se rozan... pero sus acciones no están justificadas, son elementos necesarios de un flujo, de una inacabable obra-laberinto que se reinventa constantemente a lo largo de la propia lectura.

http://www.youtube.com/watch?v=cZS0YjdmuHc&feature=related

viernes, 1 de julio de 2011

El pliegue de las cosas (the fold of things)


A fold is defined by a crease in a flat surface, an irregularity that changes the exterior nature of an object. My piece takes place within a metaphorical musical fold: the actual sound of the trumpet is regarded as a uniform surface which is constantly warped by the use of different objects and artificial acoustic spaces. The music develops within this twisted territory in which the real identity of the instrument is altered and multiplied.
Deleuze maintained that the world could be interpreted as a body of infinite folds and surfaces that twist and twine themselves through compressed time and space. This piece is intended as a musical representation of this idea: a journey in which the sonic nature of the trumpet is pulverized and challenged almost to an unidentifiable point. In such a way, the same materials are filtered over an over again along the timeline, so that they are perceived as ever changing folds of the same phenomenon. 'El pliegue de las cosas' works in a similar way to an origami construction, in which the same a piece of paper is transformed by an arrangement of consecutive folds without the use of any additional element: glue or new fragments of paper.


jueves, 2 de junio de 2011

tifones de escenario

Un ventilador se enciende y hace que se vibren unas campanas 20 metros más allá, un pianista toca una tecla y se enciende una luz en el extremo opuesto del escenario, una cantante canta y su voz aparece a muchos metros de distancia de su boca...
  Mi nueva obra está basada en esta serie de metáforas, juegos, imposibilidades y contradicciones en el espacio escénico. Estos procedimientos me hicieron reflexionar sobre el 'efecto mariposa', aquél basado en el esotérico (¿cuál de ellos no es esotérico?) proverbio chino:"el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tifón al otro lado del mundo".
  El  efecto mariposa se basa en que la más mínima variación en un sistema caótico, la más pequeña perturbación inicial puede tener, a través de un proceso de amplificación un efecto final enormemente grande.
Creo que mi nueva obra (fuera de este paralelismo de almanaque) funciona de una manera similar. Un gesto pequeño e insignificante desencadena un efecto inesperado en un lugar alejado de la fuente que lo produce. A veces se determina la presencia de un doble (el sonido de un instrumento es reflejado en otro o en varios lugares), otras veces la fuente sonora es completamente nueva y carece de un claro punto de origen.
   La partitura de la obra detalla la lógica que subyace detrás de estos procesos. La performance, sin embargo, crea una especie de aparente desconexión y/o magnificación entre la causa y el efecto. Quiero creer que la obra deja al público en un territorio en que toda posible predicción queda en entredicho, creando un efecto similar al de soltar una pelota sobre la arista del tejado en repetidas ocasiones: no podemos vaticinar por qué lado del tejado caerá, mínimas desviaciones iniciales crearán innumerables trayectorias posibles.

jueves, 28 de abril de 2011

La puerta del error

'Había una sola puerta, con cartel encima que decía: ERROR. Por ahí salí.'
Así comienza la última novela de César Aira, un escritor diferente y poco ortodoxo al que sigo con mucho interés desde hace ya algunos años. Este comienzo de la novela (que por cierto se titula 'El error' ) me dio bastante que pensar como metáfora de la creación, del proceso que uno emprende al escribir una partitura. Creo que en general la música contemporánea tiende a justificarse con una especie de infalibilidad: procesos que terminan, se desarrollan y encajan en el puzzle de una forma preestablecida, precisión alemana ante el pavor de los cabos sueltos. El tema de la 'profesionalidad' pertenece indisolublemente a este campo. El compositor 'profesional' se esmera en que todas sus decisiones sean justificables, analizables, observables, demostrables, tal vez perspicaces...pero también predecibles, seguras y aburridas. Generalmente no pasa por esa puertita necesaria con el cartel de ERROR. Nono ya hablaba de esto en 'el error como necesidad':
En lugar de escuchar el silencio, de escuchar a los otros, esperamos escucharnos todavía una vez más a nosotros mismos. Esta repetición es académica, conservadora, reaccionaria. Es un muro elevado contra el pensamiento, contra aquello que no es posible explicar, todavía, actualmente. Es el producto de una mentalidad sistemática, basada en los a priori interiores o exteriores, sociales o estéticos. Amamos el confort, la repetición, los mitos; amamos escuchar siempre la misma cosa, con sus pequeñas diferencias que nos permiten demostrar nuestra inteligencia.
El punto de partida para la mayoria de los compositores 'profesionales' está precisamente en ese 'escucharnos una vez más a nosotros mismos'. Cuando esto ocurre se da una especie de alineamiento entre la creación y lo seguro, la invención y lo académico. El error no se entiende únicamente en el sentido práctico de la palabra (una partitura mal escrita) sino también desde el punto de vista estético. Todo lo que es ligeramente distinto o transgresor es generalmente relegado a la categoría del error. En general hay una especie de pánico, un abismo ante lo impreciso, lo incierto, lo incontrolable, lo que no se puede definir o etiquetar de una manera clara. La 'profesionalidad' reside precisamente en la habilidad para encasillar de forma sistemática todo aquello presente en las obras, para observar todos sus recovecos con la lupa de lo normativo. Me parece que el mundo de la música contemporánea es especialmente conservador en este sentido. No hay más que pasarse por algún festival 'importante' para darse cuenta del aprecio que provocan las obras que se enmarcan en el estilo de cierta vaca sagrada. Generalmente las obras 'diferentes' provocan estallidos de indiferencia, o irónicas risitas de concierto (hasta estas se vuelven poco originales). Creo que el mundo del cine, del teatro y la literatura poseen más ángulos en este sentido, son disciplinas que se asustan menos de lo desconocido, de vez en cuando renuevan el formol.
No sé si lo que hago es diferente, creo que es algo que no me corresponde juzgar. Sin embargo, todos aquellos que se atreven a salir de vez en cuando por la puerta del error merecen todo mi respeto.