viernes, 1 de julio de 2011

El pliegue de las cosas (the fold of things)


A fold is defined by a crease in a flat surface, an irregularity that changes the exterior nature of an object. My piece takes place within a metaphorical musical fold: the actual sound of the trumpet is regarded as a uniform surface which is constantly warped by the use of different objects and artificial acoustic spaces. The music develops within this twisted territory in which the real identity of the instrument is altered and multiplied.
Deleuze maintained that the world could be interpreted as a body of infinite folds and surfaces that twist and twine themselves through compressed time and space. This piece is intended as a musical representation of this idea: a journey in which the sonic nature of the trumpet is pulverized and challenged almost to an unidentifiable point. In such a way, the same materials are filtered over an over again along the timeline, so that they are perceived as ever changing folds of the same phenomenon. 'El pliegue de las cosas' works in a similar way to an origami construction, in which the same a piece of paper is transformed by an arrangement of consecutive folds without the use of any additional element: glue or new fragments of paper.


jueves, 2 de junio de 2011

tifones de escenario

Un ventilador se enciende y hace que se vibren unas campanas 20 metros más allá, un pianista toca una tecla y se enciende una luz en el extremo opuesto del escenario, una cantante canta y su voz aparece a muchos metros de distancia de su boca...
  Mi nueva obra está basada en esta serie de metáforas, juegos, imposibilidades y contradicciones en el espacio escénico. Estos procedimientos me hicieron reflexionar sobre el 'efecto mariposa', aquél basado en el esotérico (¿cuál de ellos no es esotérico?) proverbio chino:"el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un tifón al otro lado del mundo".
  El  efecto mariposa se basa en que la más mínima variación en un sistema caótico, la más pequeña perturbación inicial puede tener, a través de un proceso de amplificación un efecto final enormemente grande.
Creo que mi nueva obra (fuera de este paralelismo de almanaque) funciona de una manera similar. Un gesto pequeño e insignificante desencadena un efecto inesperado en un lugar alejado de la fuente que lo produce. A veces se determina la presencia de un doble (el sonido de un instrumento es reflejado en otro o en varios lugares), otras veces la fuente sonora es completamente nueva y carece de un claro punto de origen.
   La partitura de la obra detalla la lógica que subyace detrás de estos procesos. La performance, sin embargo, crea una especie de aparente desconexión y/o magnificación entre la causa y el efecto. Quiero creer que la obra deja al público en un territorio en que toda posible predicción queda en entredicho, creando un efecto similar al de soltar una pelota sobre la arista del tejado en repetidas ocasiones: no podemos vaticinar por qué lado del tejado caerá, mínimas desviaciones iniciales crearán innumerables trayectorias posibles.

jueves, 28 de abril de 2011

La puerta del error

'Había una sola puerta, con cartel encima que decía: ERROR. Por ahí salí.'
Así comienza la última novela de César Aira, un escritor diferente y poco ortodoxo al que sigo con mucho interés desde hace ya algunos años. Este comienzo de la novela (que por cierto se titula 'El error' ) me dio bastante que pensar como metáfora de la creación, del proceso que uno emprende al escribir una partitura. Creo que en general la música contemporánea tiende a justificarse con una especie de infalibilidad: procesos que terminan, se desarrollan y encajan en el puzzle de una forma preestablecida, precisión alemana ante el pavor de los cabos sueltos. El tema de la 'profesionalidad' pertenece indisolublemente a este campo. El compositor 'profesional' se esmera en que todas sus decisiones sean justificables, analizables, observables, demostrables, tal vez perspicaces...pero también predecibles, seguras y aburridas. Generalmente no pasa por esa puertita necesaria con el cartel de ERROR. Nono ya hablaba de esto en 'el error como necesidad':
En lugar de escuchar el silencio, de escuchar a los otros, esperamos escucharnos todavía una vez más a nosotros mismos. Esta repetición es académica, conservadora, reaccionaria. Es un muro elevado contra el pensamiento, contra aquello que no es posible explicar, todavía, actualmente. Es el producto de una mentalidad sistemática, basada en los a priori interiores o exteriores, sociales o estéticos. Amamos el confort, la repetición, los mitos; amamos escuchar siempre la misma cosa, con sus pequeñas diferencias que nos permiten demostrar nuestra inteligencia.
El punto de partida para la mayoria de los compositores 'profesionales' está precisamente en ese 'escucharnos una vez más a nosotros mismos'. Cuando esto ocurre se da una especie de alineamiento entre la creación y lo seguro, la invención y lo académico. El error no se entiende únicamente en el sentido práctico de la palabra (una partitura mal escrita) sino también desde el punto de vista estético. Todo lo que es ligeramente distinto o transgresor es generalmente relegado a la categoría del error. En general hay una especie de pánico, un abismo ante lo impreciso, lo incierto, lo incontrolable, lo que no se puede definir o etiquetar de una manera clara. La 'profesionalidad' reside precisamente en la habilidad para encasillar de forma sistemática todo aquello presente en las obras, para observar todos sus recovecos con la lupa de lo normativo. Me parece que el mundo de la música contemporánea es especialmente conservador en este sentido. No hay más que pasarse por algún festival 'importante' para darse cuenta del aprecio que provocan las obras que se enmarcan en el estilo de cierta vaca sagrada. Generalmente las obras 'diferentes' provocan estallidos de indiferencia, o irónicas risitas de concierto (hasta estas se vuelven poco originales). Creo que el mundo del cine, del teatro y la literatura poseen más ángulos en este sentido, son disciplinas que se asustan menos de lo desconocido, de vez en cuando renuevan el formol.
No sé si lo que hago es diferente, creo que es algo que no me corresponde juzgar. Sin embargo, todos aquellos que se atreven a salir de vez en cuando por la puerta del error merecen todo mi respeto.